La publicación del SENASA del 11 de abril de 2026 informó, por primera vez, la detección de brotes de scrapie clásico en ovinos importados en establecimientos de Santa Fe y Entre Ríos. Según el organismo, se trató de animales reproductores importados desde Paraguay en 2021 y 2022, y la confirmación diagnóstica llegó luego de la muerte natural de ejemplares analizados en un laboratorio de referencia en España.
Tras esa comunicación, el SENASA informó la implementación de un programa oficial de control y seguimiento, con restricción de movimientos, vigilancia intensificada y notificaciones a la OMSA y al SENACSA de Paraguay. También indicó que trabajaba en la adecuación de certificados de exportación para sostener mercados y evitar disrupciones comerciales.
La reacción regional fue inmediata. El SAG de Chile anunció el 13 de abril de 2026 la suspensión de importaciones de riesgo desde la Argentina vinculadas al evento sanitario.
Pero la secuencia no terminó allí. Según la actualización que me marcaste, el 22 de abril de 2026 se reabrió el mercado chileno, lo que muestra que el episodio derivó rápidamente en una respuesta técnico-regulatoria orientada a recomponer condiciones de acceso comercial.
En ese contexto, cobra relevancia el nuevo Certificado Sanitario para la exportación de alimentos para mascotas con destino a Chile. Ese modelo prevé condiciones específicas para productos con ingredientes de origen animal, incluyendo referencias a EEB, scrapie/prurigo lumbar, requisitos microbiológicos y la exigencia de que los productos estén autorizados por el SAG para su exportación a Chile.
En particular, el certificado contempla alternativas según el tipo de producto y exige, entre otras cosas, que si contiene harina de carne y hueso de origen ovino, esta provenga de un país libre de scrapie o de un sistema que cumpla determinadas condiciones de vigilancia, eliminación de animales afectados y control sanitario. También exige autorización del SAG y parámetros microbiológicos específicos.
Así, el caso pasó rápidamente de una novedad sanitaria a un escenario más amplio, en el que se entrecruzan vigilancia epidemiológica, certificación sanitaria y continuidad del comercio exterior. Esa es, probablemente, la principal enseñanza regulatoria de lo ocurrido entre el 11 y el 22 de abril de 2026.

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